14 julio, 2009

Sin ilustración.

De tí aprendí la resistencia a las concesiones, la dignidad de la transigencia, el gusto por el sabor del silencio y la palabra contundente de acuerdo al ruego de cada necesidad. Aprendí el poder de la mirada: amor, arrogancia, despedida, dulzuras graves, dulzuras agudas y esdrújulas. Aprendí a cantar, aprendí a bailar; a ser empecinadamente terca, insalvablemente imposible. Aprendí de tí una fuerza de la que, a gotas, he ido descubriendo su existencia, y tu generosidad a ojos vendados sólo la he intentado imitar a tropezones. Aprendí la majestuosidad de la sola presencia y la verdad desoladora de las lágrimas en solitario. El amor disfrazado, pero presente, intenso y terco. Aprendí el arte de retar a duelo para luego perdonar la vida y dar la vuelta con una violencia silente que de todos modos asesina. Aprendí lo más fuerte de lo que tengo. No puedo escribirte un poema, ni quiero. A pesar de esa dulzura que llevabas danzando en tus rincones, y que me daba accesos casi exclusivos, la poesía no alcanza. No para tí. No desde mí, porque siempre fuimos un espejo. Llevo puestos tus abrazos y tus besos, tus canciones, tu dolor, tu amor de siempre, el que me viste a diario, porque de tí vengo y me habitas intensamente. Raúl, papá, te amo, te extraño. Octubre 1931-Julio 2008.

1 comentarios:

FANGO dijo...

Sólo quería saludarte pq hace tiempo que no pasaba por aquí ya que estoy de vacaciones y no me conecto mucho.Así que lo dicho, un besito.