Para mí y todos los Tauritos que andan por ahí, majestuosos y nobles, sensuales, dulces, cabezones, amorosos. El manto celeste nos agremió de forma afortunada, aún con los cuernos: con ellos también acometemos y cornamos, de ser necesario; pero también formamos abanicos de colores con nuestras astas cuando retozamos y las estrellas nos favorecen. O tal vez seamos nosotros los que las favorecemos a ellas, por eso lucen tan espléndidas y rutilantes allá arriba...
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