12 mayo, 2009

Todos tenemos la Flú

Existe algo que es lo que marca la diferencia entre comernos unos tacos es una esquina "X" de nuestro barrio con el riesgo de contagio de hepatitis, cólera, amibiasis, y una alerta sanitaria; entre chutarnos una fila de tragos en una barra libre y la orden de no pedo-hacinarnos en bares y antros; entre hacernos la pinta en un día de escuela y la prohibición emergente de no asistir ahora sí de a huilbur; entre no querer mirarnos, tocarnos, acercarnos y tener por fin el mejor pretexto para no hacerlo; entre el amor a la vida y el no querer morir; es una epidemia que desde hace mucho ya nos infectó; una pandemia que mata todos los días las mejores y más honestas facetas de nuestra persona y que ahora ha encontrado un nuevo escaparate, el mejor escenario con spotlight. ¿De cuándo a acá tanto miedo, si vivimos enfermos -gravemente- desde hace tanto? Si te has fijado mientras transitas por la calle, en tu lugar de trabajo, en los lugares públicos como supermercados, templos, parques, aceras; si has estado al tanto del número de casos confirmados del enfermos con el virus en boga, o si has experimentado la paradoja de la necesidad imperiosa de contacto "ahora sí, que no nos dejan", te darás cuenta de que somos muy pocos los infectados de tan célebre y porkiano bicho, y en cambio, somos TODOS los envirulados de miedo en todas sus formas. Unos, sufrimos el miedo de contagiarnos, enfermarnos, morir; nosotros, nuestro hijo, nuestra abuela, la chacha, el chucho, el tianguero... y nos ponemos nuestra mascarita azul. Muchos otros, no la usamos y no por miedo al contagio, sino por miedo a vernos ridículos. Algunos más no lo usamos desde que, aceptémoslo o no, contamos con el más poderoso mecanismo de defensa ante cualquier amenaza: la evasión, la negación: como que no pasa nada. Otro buen bonche tiene el miedillo sofisticado de la teoría de la conspiración: esto huele mal, tal vez nos quieren robar, y, mientras nos distraen con virus y babas de espeso peligro, es posible que estén vaciando las arcas nacionales de nuestras afores, o algo así.... algo así como la gestación de una fusión diabólica entre partidos políticos, de modo tal que cuando se nos quite lo acatarrado, encontremos al país tomado por la monarquía roji-blanqui-naranja-verdeamarella-azul... lo que sea... esto está muy raro.... Y así y así.... el miedo es la sal de la vida, la amarga sal de la vida. Es ésa la diferencia entre nuestro actuar diario y el momento pandémico presente: simplemente el miedo. Porque, desde luego, el exceso de velocidad, el alcohol, las drogas, la violencia de todo tipo, el sexo sin protección y sin anticonceptivos, la violencia contra la mujer en Juárez y en todo el país, los vicios de la clase política y gobernante, la contaminación, la agonía del planeta, la ignorancia, la resignación, eso no enferma. Ni mata. Y parece que tampoco causa miedo. O al menos no tanto.

1 comentarios:

Ely López dijo...

Querida Ely Felicidades por ser tan oportuna con tus letritas. Pensaba en la larga lista que diste sobre los virus peores que la Influenza, las cepas modernas, las verdaderas pandemias (así en plural). La peor de todas ( que no es Sor Juana): es no cuestionar la raquítica información, los silencios... Los cubrebocas de colores pero sobre todo el otro el simbólico.



Felicidades, felicidades por usar tus letras como espada.



Iliana