Paso un Noviembre soltando lastres para volar sobre realidades más ligeras...
Brhamma, Buddha, Cristo, Shiva, Mother Nature, Rah...Lo importante es mirar hacia arriba:
de iliana
El amor es el milagro cotidiano que poco vemos, es casi una excepción. Escribir para otros, es un fecundo acto de amor que nos ayuda a aprehender lo inaprensible, donde confluyen cuerpo y lenguaje.
Iliana Hernández ArceNOW I TREMBLE AT YOUR NAME
SOBRE EL ARTE DE USAR LA ESCOBA -adultez-
Estimo necesario –casi obligatorio, en cuanto al buen uso de la escoba se refiere, saltar de la fase de la infancia a la adultez y dejar en el bizarro universo del “no te quiero ver” a la etapa adolescente, en la que el único uso que le di a la escoba, aparte de ignorarla –contra el buen juicio de mi madre, en días en que la chacha simplemente no aparecía, fue (de modo literal) el de traerla puesta en el copete; y para mi mención no existe palabra posible:
Aludo a esta imagen, que habla por sí misma y por la época que representa. (He apelado al más estricto sentido del pudor; es por eso que no presento una imagen mía).
Ah! Llegó entonces el tiempo de verdadero uso de la escoba, el del “barre-barre”. Ustedes saben, cuando me asaltó (porque asalto es el nombre) el tiempo de ser recién casada, pichón del hogar, newly-wed, o como se le llame en cualquier idioma incluyendo el celta y otros. Transcurrían entonces mis mañanas, medio-días y, a veces hasta media-noches (aunque eso fue un tanto después) meneando el ya tildado como alucinante instrumento por todos los rincones de mi pequeño apartamento que, por razones que sigo sin entender, simplemente siempre necesitaba una “barridita” (y creo que por eso la divina y exconvicta Martha Stewart me habría galardonado). ¿Contratar chacha? ¡Ni pensarlo! Es decir, si la divina Miss M ( la Stewart) hace realmente de todo, desde restaurar muebles, crear arquitectura de jardín, organizar banquetes obscenamente desbordantes y alimentar pajaritos y hámsters, craquelar los capiteles de las residencias en Georgia y desodorizar hurones, por qué yo no dar una barridita en mi flamante status? Era comprensible…
Hasta que un día, precedido por otros mucho más, comencé a sentir el síndrome del vacío existencial de la chacha, tal vez de tanto y tanto escuchar los proverbios maternos, de tías, vecinas, abuelas, madrinas (sí, las mismas que en mis lares infantiles me obsequiaron la escobita): “¡por vida de Dios, el quiacer es algo que nunca termina, lo haces por la mañana y al mediodía ya está igual de sucio! ¡me voy a ir a la tumba y el cochinero va a seguir ahí, por los siglos de los siglos!" (amén…)
Fue entonces que mi barre-barremanía entró en crisis, fue como entrar en la Noche Oscura del Alma de la chacha: se terminó todo propósito y comencé a buscar gurús, libros, proverbios metafísicos que le dieran un sentido de nuevo a mi crisis de barrido. Y lo encontré, después de prácticamente pagar la renta de los dueños d e varias librerías esotéricas de tantos libros que consumí en mi sed de sentido. La revelación de revelaciones llegó: barrer era un rito sagrado, sí, un ritual de limpieza en el que lo viejo se iba entre las cerdas de la escoba para dar paso a lo nuevo. ¡Listo! Presto conseguí los servicios especializados de una de las mejores ritualistas en la ciudad: la muchacha recomendada por Lucy Pérez Rodríguez Macías del Chaco, la nunca bien ponderada vecina de mi barrio de soltera. ¡Bendita ritualista, agradezco el apoyo leal de esas mujeres, beso los caminos que sus pasos recorren! Esto, desde luego, me dejó bastante tiempo libre, el cual utilicé, ya entrada en gastos con eso de los ritualitos y ritualotes, conjuros y conjurillos, a seguir con una búsqueda más profunda en esos temas, y, aprovechando, como por ley de sincronismo los dulces mensajes que recibía por medio del medio masculino, -bellos individuos, por cierto, quienes cada vez que veían una escoba cerca de una fémina, diligentes exclamaban: ¡Tu vehículo!
¡Mira, tu transporte!, decidí, en efecto, convertirme en bruja. ¡Qué dicha entonces, volar a las dos de la mañana, como dice la canción! Escaparme a media noche y perderme entre las nebulosas de la bóveda nocturna y saludar desde arriba con una mano (sí, con una, porque con dos, en aquellas alturas, no es salvo) a mis hombres adorados que me miran con la bocota bien abierta preguntándose si he de caer –¡o si he de volver!
(Con amor para Ilitiz y Vero).
Dedicated to the travellers of the dark night of the soul. Questions, comments? The answers lie far from this world.






